Vivencias

A Wallapop se viene leído y escrito

Si alguien se pone en contacto contigo en Wallapop y las nociones de escritura más básicas no atribuibles al uso de un móvil son de una carencia abrumadora, no esperes que se haya leído la descripción del artículo o que lo haya entendido. Prepárate para las preguntas que se hubiesen respondido solas con una pizca de compresión lectora cuando el comprador haga acto de presencia. Prepárate a perder el tiempo y a alegrarte en vano por una venta que al final no se llevará a cabo.

Aprende a leer co-jo-nes.

Correos en la actualidad

Vuestro cartero habitual os deja un papelito en el buzón indicando que, como no estabas en casa, debes ir a recoger el paquete que habías pedido a la oficina de Correos más próxima. Allá que vas tú portando solamente el DNI y cuando te toca tu turno, el empleado de turno con cara de estupefacción te dice que sin el papelito él no te puede dar nada, que hay miles de paquetes donde buscar.

Le pregunto si no puede filtrar con mi nombre y DNI los datos en el ordenador (como en SEUR o MRW) y me dice que no, que sólo puede poner el número de seguimiento. Que podría tratarse de una carta certificada, un paquete o un elefante albino con orejas de gato.

Entonces la cara de estupefacción me la llevo yo puesta de vuelta a casa, intentando vislumbrar el motivo de fondo de tal limitación sin sentido. No digo que puedas cruzar datos sin ton ni son pero…un DNI con nombre y apellidos digo yo que es lo mínimo, porque imaginad que se me pierde el papel que me dejan en el buzón ¿qué hago?

Pleno siglo XXI y tonterías de estas me ponen un poco atacado.

Desatención en el BBVA

Imaginad que tenéis que pagar una tasa del gobierno y como día límite se establece el 13 de abril.

Entre las entidades colaboradoras desde donde se puede realizar el pago está el BBVA, así que te diriges hacia allí y te pones a la cola de la ventanilla. Hasta que llega tu turno te percatas de un cartel que dice algo así como:

Los pagos en ventanilla se realizarán los martes y jueves, de 8:30 a 10:30 entre los días 12 y 24 de cada mes.

En ese momento, piensas que estás jodido porque es día 9 (aunque jueves) y lo último que quieres hacer es esperar al último día 13 de abril (porque el 12 no es martes) para poder pagar la dichosa tasa. Así que al final aguantas y llega tu turno.

Yo:  Buenos días, quería pagar la siguiente tasa.

Cajera: ¿En cuenta o metálico?

Yo: En metálico.

Cajera: No puede ser  -y me lee el cartel de los días permitidos.

Yo: Es que entonces estoy fuera de plazo para pagarlo.

La cajera mira a su compañero y éste me dice «¿Y no tienes cuenta con nosotros?», a lo que respondí que tenía cuenta bancaria con una de sus filiales, con lo que, perdonándome la vida intentan hacerlo a través de esa cuenta.

Tras 5 minutos de la cajera intentando meter los números del código de barras del recibo, me dice que el sistema no le permite hacer el pago con la cuenta bancaria que le he proveído, que pruebe en otro banco.

Cojo mi recibo y me marcho de allí pensando en lo incompetentes que son y pensando en retirar mi dinero de su filial.

En dos minutos estaba en otra entidad bancaria. Me cogen el recibo sin ponerme pegas, leen el código de barras sin problemas, me admiten el dinero en metálico y adiós muy buenas, en dos minutos tema resuelto.

Me parece perfecto que no quieran perder tiempo con personas que no sean ya clientes suyos (aunque puedan serlo potencialmente), pero entonces me pregunto por qué consta el BBVA como entidad colaboradora si es imposible pagar la tasa si no tienes cuenta bancaria con ellos.

El relojero ocioso

Cuando se me terminó la pila del Lotus me dije «Bueno, si he podido cambiar la del Casio, digo yo que podré con este también». Así que, como buen internauta que soy, investigué con la ayuda de Google buscando la mejor forma de destripar el reloj analógico sin causarle daño y es que, cuando algo no tiene tornillos a la vista me pierdo.

Al final, fui a parar a un blog de gente aficionada a coleccionar toda clase de relojes y fue allí donde me enteré de varias cosas. La primera de ellas fue que no todos los relojeros hacen un buen trabajo, hay algunos que te dejan la tapa trasera del reloj rayada de los intentos de abrirlo. Y la otra cosa fue que el Lotus tenía un cierre con unas gomitas que lo hacían estanco para evitar la condensación en su interior y que era mejor llevarlo a un relojero o al servicio técnico (todo por una pila que apenas dura 2 años…).

Fui a un relojero del que me habían hablado bien. Lo que más me llamó la atención es que el pobre tenía una prisa tremenda en despacharme para sentarse de nuevo en el ordenador (seguramente estaría jugando al parchís online). Le mencioné mi preocupación de que resultase dañado por lo que había escuchado y el me dijo que estuviese tranquilo que llevaba en la profesión 100 años o más, milenios, de antes de los relojes de sol y antes incluso que el sol.

Volví al lunes siguiente por la mañana y me dijo que aun no lo tenía (fui un sábado), que volviese por la tarde y se sentó de nuevo con prisa en su ordenador. Yo me mosqueé porque le había visto buscar mi reloj entre 4 que tenía por allí, que vamos, que no parecía tener mucha carga de trabajo.

Así que volví el día siguiente y me llevé mi reloj en perfecto estado, con pila nueva, o eso creía. Resulta que el cronómetro, cuando se tenía que poner a cero, no dejaba el secundero cuadrado en el 12, sino que lo dejaba un poco antes. Así que pensé que sería una tontería por lo que volví y se lo dije. Cuando lo vio me dijo que eso era algo que podría haber solucionado yo mismo si me hubiese leído el manual, que era un poco tonto si no lo había hecho, a lo que le dije que el manual lo leí el primer día que me lo regalaron, que cómo me iba a acordar, que enseguida lo relacioné con el cambio de pila.

Se ve que no le gustó cargar con la culpa, que para la estupidez que era no resulta ser un problema. Pero la prepotencia y el trato estúpido se le desbordaba por la boca y me hizo pensar en cómo había conseguido mantener su negocio por más de un año seguido. Que no me espere para el próximo cambio de pila y que cuando el router le deje sin conexión para su parchís online le manden buscar el manual.

Tacones o alcohol

Parece tener dificultades a la hora de poner un pie detrás de otro, no sabes si su problema es que no sabe caminar con tacones altos o simplemente va borracha, pero ella camina decidida en dirección opuesta a la nuestra:

– ¿Tenéis un cigarrito?

Exacto, va borracha, su expresividad y pronunciación algo torpe no deja lugar a dudas. Nos preguntamos cómo llegará al final de la noche si tan sólo acaba de comenzar.

Los vecinos de arriba

Desde que me he mudado, uno de los mayores problemas que he tenido ha sido conciliar el sueño. He pasado de estar en la última planta a la penúltima y eso implica tener vecinos arriba.

Dichos vecinos no encuentran nada mejor que hacer en horas nocturnas que ponerse a mover muebles y, supuestamente, sodomizar a su perro.

Puedes llegar a suponer que se ponen a mover la mesa para cenar allá a las 23h y que después la vuelven a mover cuando recogen todo, pero los ruidos se extienden durante toda la noche.

El perro es otra historia, al pobre se le oye lloriquear y no se sabe si es porque lo asustan moviendo muebles o porque no encuentra otro modo de expresarse. Tentado me he sentido de llamar a protección de animales pero, llegado el momento, no sé si se llevarían al perro o a los dueños.

Orange juega sucio – Parte 3ª

Cuando todo parecía resuelto resultó ser lo contrario. Tras siete meses a que Orange se dignase a corregir los datos y llevando el caso a la Junta Arbitral de Consumo que derivaría en un juicio tras un año de espera, lo único que ha funcionado ha sido la picaresca española.

Tras leer en muchos foros, me percaté que la gente que tenía problemas para recibir llamadas de ciertos operadores era porque sus datos constaban mal en el registro de las compañías de telefonía. Yo tenía el problema inverso, recibía sin problemas las llamadas de todo el mundo pero mis datos eran incorrectos, lo que imposibilitaba mi portabilidad a otro operador. Así que utilicé eso a mi favor.

Llamé a Desatención al Cliente y, en vez de preguntar por mi incidencia abierta de hace medio año, abrí una nueva alegando problemas al recibir llamadas de compañías como Yoigo o Vodafone. No tardaron ni dos semanas en llamarme e indicarme que ya no debía tener más problemas al recibir llamadas pues, efectivamente, habían corregido mis datos en la CMT.

A la hacer esto me permitieron iniciar los trámites de portabilidad y ya tengo fecha para cambio de operador. Me han echo ofertas con teléfonos de última generación y descuentos en facturas de hasta un 40% sin tener que apretarles para que me quedase, pero se lo pueden meter por el…bolsillo, que lo que me han echo bailar y gastar en tiempo no me lo pueden reembolsar.

Remaches fuera

En episodios anteriores describí cómo algunas prendas eran expuestas a fuerzas extraordinarias sin inmutarse. Sin embargo, hoy os traigo un caso en el que esta resistencia ha sido vencida y, para más inri, lo he vivido en mis propias carnes, literalmente.

Uno de los remaches de mi vaquero salió disparado a velocidad de vértigo, surcó varios metros hasta impactar contra el suelo, por el que se deslizó con vehemencia intentando frenar a través del rozamiento con la superficie.

Mientras miraba con curiosidad cómo trazaba un arco en el aire y me preguntaba que ecuación podía describir mejor su movimiento, me percaté que aquello debía ser causa de la presión de mi persona (en estado sólido) sobre el pantalón vaquero. Ello podía ser un claro indicio de que mi masa corporal había excedido con creces lo soportado por aquella prenda, es decir, que podía estar más rollizo de lo normal.

Pero, para tranquilidad de todos, fue sólo causa de mi última costumbre de medio-poner las manos en los bolsillos, que ejerce presión sobre el pobre remache que se sitúa al final del mismo.

Baldosas trampa

Vas tan alegre por la calle, temprano como todos los días, pero ese día llueve un poco, lo suficientemente poco como para no necesitar paraguas. Todo parece ir normal hasta que, de pronto, pisas una baldosa que se hunde de un lado y del otro sale una catarata de agua que sumerge tu pie desde arriba a abajo.

Estas baldosas trampa son muy difíciles de identificar y siempre saltan cuando estás llegado a tu destino para romper de golpe tu ilusión de llegar sano y seco. También suele coincidir con mayor probabilidad cuando llevas calzado que deja calar el agua.

Un camisa de adamantium

Una camisa dos tallas más pequeña reteniendo las carnes rebeldes, desafiando el efecto caída producido por la gravedad y llevando al límite toda la física teórica existente sobre la unión entre átomos. Aquello parecía una olla a presión a punto de estallar, de poner en órbita los botones que sellaban aquel engendro de carnes apretadas.

Cada gesto y cada movimiento ponían en tensión a todo aquel que estuviese en la misma sala, no únicamente el tejido de aquella súper camisa, una camisa que lloraba y gimoteaba produciendo un sonido ahogado de desgarramiento.

Sobreviví, pero alguien debió decirle que una camisa no tiene la misma función que una faja.

Mi hermana de vuelta

Mi hermana pequeña regresó por fin, tras su servicio militar familiar en el que tuvo que enfrentarse al pequeño Champi día tras día. Múltiples anécdotas fueron las que trajo e incluso heridas de combate, a pesar de que el pequeño aun no tiene dientes.

Champi ha evolucionado de forma bastante rápida desde que tuvo autonomía de movimiento. Su capacidad de equilibrio y manipulación de objetos es muy buena, capaz de flexionar las piernas para coger algo del suelo sin caerse (la mayoría de veces) y correr dándole patadas al balón, algo que parece encantarle. Y a pesar de que se mueve con mayor soltura que otros niños de su edad, en cuanto a crecimiento queda por detrás, siendo de los pequeños.

También ha desarrollado un sistema inteligente de comunicación que se basa en gestos, gruñidos y, en última instancia, lloriqueos altamente eficiente. Comprende todo lo que le dices, como que quieras darle una cosa por otra, pero se niega a emitir una sola palabra; como mucho mamá y papá.

Le encantan los parques y cada vez que lo sacan de paseo y pasan por uno llora si no le dejan entrar a jugar y, tal es su llanto, que puede durar hasta que pasan por otro parque por lo que vuelve a la intensidad inicial.

Por otro lado tenemos la influencia de mi hermana mayor que le ha inculcado una serie de acciones muy útiles, como que sea él quien lleve su pañal sucio a la basura (la cual ya respeta desde que se la tiró encima), que limpie los muebles si le das un trapo o que te señale insistentemente cualquier cosa que no esté como debe estar, como los seguros que impiden que pueda abrir los muebles de la cocina.

Le gusta la música de los dibujos, los perros en general y en concreto Pancho el del anuncio de la lotería, comer pan y esconderse detrás de la cortina mientras mis hermanas hacen como que lo buscan y lo llaman.

Un bicho en toda regla.

Violencia doméstica

Mi hermana mayor siempre se ha aprovechado de mi ineficaz visión periférica para endosarme las tortas, y es que no las veía venir. La muy simpática se reía mientras me daba la torta de broma.

Pues los años pasan y ella ahora tiene un hijo, un tal Champi que no se puede estar quieto. Según me cuenta mi hermana pequeña, de vez en cuando le hace cogerlo en brazos y, desde esa altura, mira para una lado y para otro y, si no ve nada que le entretenga, le suelta un guantazo en la cara a mi hermana. Parece ser que ni si quiera haciéndote el dormido te libras, porque también te suelta sopapos en la cara para despertarte mientras le entra la risa nerviosa.

Pero ahí no queda el asunto. Cuando tiene la posibilidad te escala, te muerde la barbilla y agita la cabeza de un lado para otro como si fuese una fiera que ha atrapado a su presa. Para que no se preocupe mi hermana pequeña, le he dicho que no se lo tenga en cuenta, que mientras no le muerda con sus prominentes encías la yugular está a salvo.

Por otra parte, voy a tener que hacer un estudio sobre la posibilidad de que la violencia se transmita por herencia genética, porque las similitudes entre mi hermana mayor y el trasto peque son enormes en ese sentido.

El lavavajillas sin papeles

Nuestro maravilloso y trabajador lavavajillas Siemens ha dejado de funcionar, tras 11 años ha decidido que ya era suficiente trabajo sucio el que hacía.

Contactamos con la mayor brevedad posible con el servicio técnico de la marca y, tras una prolongada espera, el técnico apareció y dictaminó que era problema del motor y que habría que substituirlo.

Nosotros no vimos pega en acceder a la reparación, pues un lavavajillas nuevo no es barato, pero no encontramos ante la negación del técnico a repararlo. Nos informo que habían tres clases de motores diferentes para esa gama de modelos, que dependiendo del modelo concreto iba con uno o con otro, y que no estaban dispuestos a asumir la compra de los tres motores para después vendernos sólo uno.

¿Y por qué no comprar el motor específico para ese modelo concreto? Pues porque el técnico no fue capaz de averiguar dónde estaba situada la chapa identificativa del lavavajillas donde se indica claramente el modelo del mismo. Menos mal que el técnico trabaja para Siemens y debe tener acceso a toda la información relativa a sus productos…

Así que toca quejarse directamente a Siemens.

Reclutamiento

Hay cosas con las que no se debe jugar, una de ellas la comida como decía mi madre. Sin embargo, juguetear con el fuego, en sentido figurado, a veces puede resultar tremendamente seductor y eso es lo que ha provocado un contratiempo en mi vida.

Resulta que mi hermana mayor se ha quedado sin niñera para Champi y está intentando hacerse con alguna que cumpla con los requisitos. Durante ese proceso le ha pedido a mi hermana pequeña que vaya a cubrir la plaza hasta que encuentre a alguien. Esto puede durar, entre pitos y flautas y más pitos, un mes.

Si os preguntáis qué narices pinto yo ahí para que ande hablando de jugar con fuego, aquí os dejo una evidencia de mi hacer:



Esa es una de tantas fotos que le mandábamos a mi hermana mayor poniéndole los dientes largos. Su respuesta fue clara: reclutar a mi hermana pequeña (la artífice de la mayor parte de las delicias que salen de la cocina) tanto tiempo como pueda y alentarla a usar la Thermomix que posee. Es algo así como secuestrar a los científicos del lado contrario y ofrecerles tecnología novedosa para sus proyectos en tiempos de guerra.

Menos mal que mi madre puede suplir esta carencia estratégica formidablemente:



Así que, no os preocupéis de mi alimentación, podré sobrevivir un mes. Eso sí, no voy a tener con quién meterme cuando llegue a casa.

El dentista

Cuando creía que todo había terminado mi hermana pequeña me miro y me dijo «Pues va a ser que tienes retracción de las encías«. Así que acabamos en el dentista.

Cuando me llamaron me hicieron sentarme en el sillón de las reparaciones bucales y antes de que pudiera decir nada ya me habían metido dos manos en la boca, diagnosticado 3 caries y encargado una radiografía. En cuanto pude mencionarle lo de las encías, me miró y me dijo que no era alarmante, que utilizara un cepillo más suave, que cepillara de arriba a abajo y que no lo hiciese con mucha fuerza. Después de todo, según me contó, se podía hacer un implante de mi propio paladar para cubrir la zona al descubierto pero que sería mejor ver cómo progresaba.

Al cabo de unos minutos me presentaron el presupuesto que ascendía a unos cuantos cientos de euros y que me hizo pensar en lo caro que era el metro cuadrado en mi boca.

La primera intervención fue para empastarme una muela que estaba bastante afectada por dentro aunque no sentía molestias. La dentista me tuvo que pinchar 3 ó 4 veces porque se me dormía parte de la lengua pero no había signos de lo que lo hiciera el labio, que parecía ser el importante. Me hizo el empaste pero me dijo que habría que desvitalizar la muela y que lo veríamos con el doctor la próxima vez. Así que me fui a casa con media cara dormida y balbuceando. Tuvieron que pasar 3 horas hasta que recobré la sensibilidad de la cara, no sin antes dejarme con dolor a la hora de abrir la mandíbula, para variar.