Inagotable

La felicidad postergada

Nos dicen que nos apliquemos desde pequeños, que trabajemos duro para tener un mejor futuro y que posterguemos la felicidad para más adelante, para cuando nos hayamos asentado en la vida, que siempre habrá tiempo para ser feliz y disfrutar del mundo.

Pero nadie nos dice que probablemente no te asientes en la vida jamás, que puede que vayas dando tumbos de aquí a allí, entre trabajos, estudios y demás presiones. Al final, lo único que puedes hacer es soñar con que un día tendrás «tu vida» y podrás sonreír cada mañana por haber conseguido aquello que tus padres deseaban por ti.

Pero ¿qué hay de lo que tú deseas o deseabas, qué sucede cuando trabajas con fuerza y no ves ningún resultado de vuelta, algo que puedas disfrutar? Lo más probable es que te hundas, porque seguramente te ves incapaz de alcanzar la perfección que se te ha puesto ante tus ojos y que nunca deja de ser cada vez mayor cuanto más cerca estás.

Disfruta de lo que tienes hoy, pero no pierdas de vista tu plan de futuro.

Remaches fuera

En episodios anteriores describí cómo algunas prendas eran expuestas a fuerzas extraordinarias sin inmutarse. Sin embargo, hoy os traigo un caso en el que esta resistencia ha sido vencida y, para más inri, lo he vivido en mis propias carnes, literalmente.

Uno de los remaches de mi vaquero salió disparado a velocidad de vértigo, surcó varios metros hasta impactar contra el suelo, por el que se deslizó con vehemencia intentando frenar a través del rozamiento con la superficie.

Mientras miraba con curiosidad cómo trazaba un arco en el aire y me preguntaba que ecuación podía describir mejor su movimiento, me percaté que aquello debía ser causa de la presión de mi persona (en estado sólido) sobre el pantalón vaquero. Ello podía ser un claro indicio de que mi masa corporal había excedido con creces lo soportado por aquella prenda, es decir, que podía estar más rollizo de lo normal.

Pero, para tranquilidad de todos, fue sólo causa de mi última costumbre de medio-poner las manos en los bolsillos, que ejerce presión sobre el pobre remache que se sitúa al final del mismo.

Vivo engañado

Hoy he llegado al trabajo enturbiado por las terribles cosas que me pasan, aun sin llevar pantalones blancos, pero nada me quitaba de la cabeza que hoy era jueves y mañana viernes.

Hasta las 20:33 no me he enterado que hoy era miércoles, que aun quedaban dos días laborales en lo que emplearse. Quizás era el cansancio de una semana de dormir poco y hacer mucho que me tenía en un jueves ficticio. Lo más curioso es que los miércoles hago cosas totalmente diferentes a los jueves, pero no sé por qué no me resultaba extraño.

Espero dormir esta noche lo suficiente para coger fuerzas para disfrutar del viernes tarde, justo ese momento en el que dices adiós al trabajo por unos días.

Baldosas trampa

Vas tan alegre por la calle, temprano como todos los días, pero ese día llueve un poco, lo suficientemente poco como para no necesitar paraguas. Todo parece ir normal hasta que, de pronto, pisas una baldosa que se hunde de un lado y del otro sale una catarata de agua que sumerge tu pie desde arriba a abajo.

Estas baldosas trampa son muy difíciles de identificar y siempre saltan cuando estás llegado a tu destino para romper de golpe tu ilusión de llegar sano y seco. También suele coincidir con mayor probabilidad cuando llevas calzado que deja calar el agua.

Un camisa de adamantium

Una camisa dos tallas más pequeña reteniendo las carnes rebeldes, desafiando el efecto caída producido por la gravedad y llevando al límite toda la física teórica existente sobre la unión entre átomos. Aquello parecía una olla a presión a punto de estallar, de poner en órbita los botones que sellaban aquel engendro de carnes apretadas.

Cada gesto y cada movimiento ponían en tensión a todo aquel que estuviese en la misma sala, no únicamente el tejido de aquella súper camisa, una camisa que lloraba y gimoteaba produciendo un sonido ahogado de desgarramiento.

Sobreviví, pero alguien debió decirle que una camisa no tiene la misma función que una faja.

Mi hermana de vuelta

Mi hermana pequeña regresó por fin, tras su servicio militar familiar en el que tuvo que enfrentarse al pequeño Champi día tras día. Múltiples anécdotas fueron las que trajo e incluso heridas de combate, a pesar de que el pequeño aun no tiene dientes.

Champi ha evolucionado de forma bastante rápida desde que tuvo autonomía de movimiento. Su capacidad de equilibrio y manipulación de objetos es muy buena, capaz de flexionar las piernas para coger algo del suelo sin caerse (la mayoría de veces) y correr dándole patadas al balón, algo que parece encantarle. Y a pesar de que se mueve con mayor soltura que otros niños de su edad, en cuanto a crecimiento queda por detrás, siendo de los pequeños.

También ha desarrollado un sistema inteligente de comunicación que se basa en gestos, gruñidos y, en última instancia, lloriqueos altamente eficiente. Comprende todo lo que le dices, como que quieras darle una cosa por otra, pero se niega a emitir una sola palabra; como mucho mamá y papá.

Le encantan los parques y cada vez que lo sacan de paseo y pasan por uno llora si no le dejan entrar a jugar y, tal es su llanto, que puede durar hasta que pasan por otro parque por lo que vuelve a la intensidad inicial.

Por otro lado tenemos la influencia de mi hermana mayor que le ha inculcado una serie de acciones muy útiles, como que sea él quien lleve su pañal sucio a la basura (la cual ya respeta desde que se la tiró encima), que limpie los muebles si le das un trapo o que te señale insistentemente cualquier cosa que no esté como debe estar, como los seguros que impiden que pueda abrir los muebles de la cocina.

Le gusta la música de los dibujos, los perros en general y en concreto Pancho el del anuncio de la lotería, comer pan y esconderse detrás de la cortina mientras mis hermanas hacen como que lo buscan y lo llaman.

Un bicho en toda regla.

Violencia doméstica

Mi hermana mayor siempre se ha aprovechado de mi ineficaz visión periférica para endosarme las tortas, y es que no las veía venir. La muy simpática se reía mientras me daba la torta de broma.

Pues los años pasan y ella ahora tiene un hijo, un tal Champi que no se puede estar quieto. Según me cuenta mi hermana pequeña, de vez en cuando le hace cogerlo en brazos y, desde esa altura, mira para una lado y para otro y, si no ve nada que le entretenga, le suelta un guantazo en la cara a mi hermana. Parece ser que ni si quiera haciéndote el dormido te libras, porque también te suelta sopapos en la cara para despertarte mientras le entra la risa nerviosa.

Pero ahí no queda el asunto. Cuando tiene la posibilidad te escala, te muerde la barbilla y agita la cabeza de un lado para otro como si fuese una fiera que ha atrapado a su presa. Para que no se preocupe mi hermana pequeña, le he dicho que no se lo tenga en cuenta, que mientras no le muerda con sus prominentes encías la yugular está a salvo.

Por otra parte, voy a tener que hacer un estudio sobre la posibilidad de que la violencia se transmita por herencia genética, porque las similitudes entre mi hermana mayor y el trasto peque son enormes en ese sentido.

Ordenadores

Haz un p*to curso de informática y deja de quejarte, que parece mentira que no sepas usar tu principal herramienta de trabajo, que ya tengo yo bastante con hacer andar la porquería de hardware disponible como para aguantar tus comentarios sarcásticos.

Que parece que los informáticos tengamos la culpa de todo cuando la incompetencia se centra entre la silla del operador y el teclado. Hay que reciclarse de vez en cuando, incluso aplicar el sentido común o simplemente leer los jodidos mensajes que aparecen en pantalla, que leer deberíamos saber todos.

El lavavajillas sin papeles

Nuestro maravilloso y trabajador lavavajillas Siemens ha dejado de funcionar, tras 11 años ha decidido que ya era suficiente trabajo sucio el que hacía.

Contactamos con la mayor brevedad posible con el servicio técnico de la marca y, tras una prolongada espera, el técnico apareció y dictaminó que era problema del motor y que habría que substituirlo.

Nosotros no vimos pega en acceder a la reparación, pues un lavavajillas nuevo no es barato, pero no encontramos ante la negación del técnico a repararlo. Nos informo que habían tres clases de motores diferentes para esa gama de modelos, que dependiendo del modelo concreto iba con uno o con otro, y que no estaban dispuestos a asumir la compra de los tres motores para después vendernos sólo uno.

¿Y por qué no comprar el motor específico para ese modelo concreto? Pues porque el técnico no fue capaz de averiguar dónde estaba situada la chapa identificativa del lavavajillas donde se indica claramente el modelo del mismo. Menos mal que el técnico trabaja para Siemens y debe tener acceso a toda la información relativa a sus productos…

Así que toca quejarse directamente a Siemens.

Reclutamiento

Hay cosas con las que no se debe jugar, una de ellas la comida como decía mi madre. Sin embargo, juguetear con el fuego, en sentido figurado, a veces puede resultar tremendamente seductor y eso es lo que ha provocado un contratiempo en mi vida.

Resulta que mi hermana mayor se ha quedado sin niñera para Champi y está intentando hacerse con alguna que cumpla con los requisitos. Durante ese proceso le ha pedido a mi hermana pequeña que vaya a cubrir la plaza hasta que encuentre a alguien. Esto puede durar, entre pitos y flautas y más pitos, un mes.

Si os preguntáis qué narices pinto yo ahí para que ande hablando de jugar con fuego, aquí os dejo una evidencia de mi hacer:



Esa es una de tantas fotos que le mandábamos a mi hermana mayor poniéndole los dientes largos. Su respuesta fue clara: reclutar a mi hermana pequeña (la artífice de la mayor parte de las delicias que salen de la cocina) tanto tiempo como pueda y alentarla a usar la Thermomix que posee. Es algo así como secuestrar a los científicos del lado contrario y ofrecerles tecnología novedosa para sus proyectos en tiempos de guerra.

Menos mal que mi madre puede suplir esta carencia estratégica formidablemente:



Así que, no os preocupéis de mi alimentación, podré sobrevivir un mes. Eso sí, no voy a tener con quién meterme cuando llegue a casa.

Sinde rechos

Los partidos políticos querían sacar su propia tajada para la aprobación de la Ley de Economía Sostenible y por ello fue rechazada ante el congreso; no fue porque no estuvieran de acuerdo sino que chantajearon al gobierno de turno pidiendo sus rectificaciones que le beneficiaban a ellos, que no a los ciudadanos.

También se destapó lo que llamaron Sindegate, unas filtraciones de WikiLeaks que demuestran la participación de EEUU en la formación de la polémica ley.

Pero daba igual, era cuestión de tiempo que aprobasen la ley Sinde, a pesar de los esfuerzos de mucha gente de frenarla y retirarla para proponer alternativas más lógicas.

Un resumen de los efectos de dicha ley, que no todo es por el tema de las descargas, sino más bien por la capacidad de censurar páginas web (aunque algunos desde sus mansiones en Miami no sepan entenderlo), lo podemos escuchar en la entrevista a David Bravo por parte de RTVE.

Todo esto se resumen en que da igual que digamos que esto es una democracia, porque la gente con influencia y dinero es capaz de pasar por encima de los derechos de millones de personas, a pesar de que en otros sitios las cosas funcionan de diferente forma.

Aquí nos suben la edad de jubilación y los impuestos, nos reducen los beneficios sociales, facilitan el despido, fomentan la economía sumergida y subvencionan a los bancos con dinero público por su mala/nula gestión. A esto último detallar que, si bien al final supuestamente los bancos nos devolverán el dinero, el interés que les cobraremos será ridículo comparado al que tendremos que pagar para devolver el rescate que igual nos hacen comer desde la UE.

La panda de **brones que ostentan cargos públicos de relevancia que no hacen más que derrochar dinero y gestionar inadecuadamente ciertas instituciones públicas para después tener el pretexto de privatizar y así garantizar su futuro una vez terminada su andadura política, toca un poco la moral, sobretodo a aquellos que se pelan el culo todos los días para tener algo que comer durante el mes.

El dentista

Cuando creía que todo había terminado mi hermana pequeña me miro y me dijo «Pues va a ser que tienes retracción de las encías«. Así que acabamos en el dentista.

Cuando me llamaron me hicieron sentarme en el sillón de las reparaciones bucales y antes de que pudiera decir nada ya me habían metido dos manos en la boca, diagnosticado 3 caries y encargado una radiografía. En cuanto pude mencionarle lo de las encías, me miró y me dijo que no era alarmante, que utilizara un cepillo más suave, que cepillara de arriba a abajo y que no lo hiciese con mucha fuerza. Después de todo, según me contó, se podía hacer un implante de mi propio paladar para cubrir la zona al descubierto pero que sería mejor ver cómo progresaba.

Al cabo de unos minutos me presentaron el presupuesto que ascendía a unos cuantos cientos de euros y que me hizo pensar en lo caro que era el metro cuadrado en mi boca.

La primera intervención fue para empastarme una muela que estaba bastante afectada por dentro aunque no sentía molestias. La dentista me tuvo que pinchar 3 ó 4 veces porque se me dormía parte de la lengua pero no había signos de lo que lo hiciera el labio, que parecía ser el importante. Me hizo el empaste pero me dijo que habría que desvitalizar la muela y que lo veríamos con el doctor la próxima vez. Así que me fui a casa con media cara dormida y balbuceando. Tuvieron que pasar 3 horas hasta que recobré la sensibilidad de la cara, no sin antes dejarme con dolor a la hora de abrir la mandíbula, para variar.

Corre corre

Se lanza con un grito al estilo banzai que no es más que un mero reflejo del «No sé cómo se para esto de correr» y Champi realiza el recorrido desde el sofá hasta el televisor ante la mirada preocupada de su madre que no hace más que pensar «Qué hostia se va a dar».

Pasó de caminar ayudándose de las paredes a despreciar las manos que le intentaban ayudar a caminar, pues él solito ya se valía para patearse la casa. Y así es, ahora va a su rollo y, cuando su madre se pone a hablar despreocupadamente por teléfono con la abuela, él camina hasta su espalda, le coge de la pinza del pelo y tira de ella.

El router maldito

Si existe algún modelo de router que me haya tocado las narices de forma profesional, ese ha sido, sin lugar a dudas, el Thomson TG585i V7. Justamente es el que te coloca Telefónica habitualmente para las conexiones de ADSL.



El motivo por el cual toca las narices a dos manos no es otra que la de ser muy poco configurable y tener una interfaz hecha por algún ente maligno deseoso de hacer perder los nervios a cualquier sysadmin.

En esta ocasión me tocaba utilizar el router como un simple punto de acceso Wifi, es decir, como si fuese un simple switch al que le llega Internet a través de otro router y así aprovechar su antenita.

Pues lo que en otros routers es algo como seleccionar una opción desde el interfaz web para ponerlo en modalidad bridge, en este me hizo falta instalar un servidor TFTP y un Bootp para flashearlo con el firmware original y no el de Telefónica.

Con esta pequeña acción se me permitía cambiar la IP propia del router, cambiar la configuración de su servidor DHCP y usarlo como bridge.

Al principio pensé que todas esas opciones estaban ocultas a mi vista y que todos los errores que me daba al intentar definir una nueva IP eran culpa mía, pero no, era el maldito router de Telefónica.

Las instrucciones más específicas para hacer lo mencionado arriba vienen de la mano de chriss745.

Año 2011

Aquí es cuando felicito a todo el mundo por la llegada de un mejor y próspero año nuevo y esas cosas, pero no nos engañemos, el 2011 no pinta bien, nada bien. Pero no hay que ser pesimista y ponerse en lo peor porque, como diría Igor: podría ser peor, podría llover.