Especialistas en pleno vuelo

martes, el 7. junio 2011, 09:50 por Inagotable

Estaba yo pensando en aquellas escenas que aparecen en las películas que transcurren en un avión donde, en un situación de emergencia, se precisa de un especialista concreto, ya sea un médico, un piloto, un informático (cada vez más asiduamente) o un abogado (sólo en territorio norteamericano).

Cuando alguien se presenta voluntario diciendo el típico “Yo soy médico/proctólogo (o teleco que es equivalente)/piloto o lo que sea pero yo”, nadie pone en duda que esa persona podría estar mintiendo y ser un simple ingeniero nuclear o, lo que es peor, un político.

Así que da igual lo que hagan porque él es el especialista y en situación de emergencia nadie se va a poner a cuestionar tus métodos por muy poco convencionales que parezcan, a no ser que en el mismo avión esté Sheldon mirándote por encima del hombro, pero quién le iba a hacer caso.

La próxima vez que suba al avión y la azafata pida la ayuda de algún especialista, voy a exigir al voluntario el CV y un número te teléfono en el que pueda pedir referencias suyas. O eso, o presentarme yo voluntario y pasar un rato divertido.

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En busca del empleado perfecto

martes, el 12. enero 2010, 10:16 por Inagotable

Cuando te dedicas a leer ofertas de trabajo, concretamente de informática, puedes encontrar de casi de todo, pero básicamente hay un tipo que prevalece: el súper todopoderoso informático con más de 10 años de experiencia en todo tipo de tecnologías, aunque algunas de ellas no tengan ni 5 años de antigüedad.

Así mismo se suele pedir experiencia en campos muy concretos de la informática, como por ejemplo, servidores con sistemas operativos que sólo puedes haber visto en empresas adineradas y conocimientos de programación en un lenguaje específico en desuso. Asimismo se pide, como requisito indispensable, estar en posesión de un título universitario y certificados de conocimiento en tecnologías concretas que suelen costar algunos miles de euros.

Todo esto puede parecer normal, si la empresa susodicha desea un empleado para suplir un puesto determinado cuyas herramientas no van a cambiar en un largo periodo de tiempo. Sin embargo, lo que chirría un poco es el hecho de que el sueldo ofrecido para ese puesto, en una gran ciudad como Madrid o Barcelona, es de casi 1.200€/mes (netos, con 14 pagas al años) en la mayoría de los casos.

Entonces nos encontramos ante un tío, que terminó la ingeniería informática superior (una inversión de 5 años de su vida y mucho dinero), que lleva 10 años trabajando en distintas empresas y siendo bueno en muchas áreas de la informática, al que le ofrecen un sueldo de mierda, por un puesto en el que no tiene ninguna garantía de permanecer ni un año. Obviamente la oferta no conseguirá obtener lo que busca.

No soy especialista en recursos humanos, pero, en esa clase de ofertas, en las que se pide mucha experiencia, un sueldo tan ridículo sólo hace que sea descartada o que acuda gente que dice tener todo lo que se pide.

Después están las ofertas modestas, en las que se pide un conocimiento más asequible y una experiencia de entre 3 y 5 años, pero el sueldo baja hasta los 1.000€ si llega (donde más de la mitad del sueldo se te iría en alquiler y transporte) y además sabes que vas a ser explotado laboralmente (horas extras no remuneradas, estrés por proyectos pactados en fechas imposibles y un largo etcétera). Y la gente acepta este tipo de ofertas porque, obviamente, menos da una piedra.

Pero lo divertido son las conversaciones al teléfono con el personal de recursos humanos, que teniendo poca idea del significado de los requisitos del puesto, actúa de filtro principal para el jefe de informática que ha pedido gente con un perfil determinado. De esta forma se pueden dar casos en los que se pierde la posibilidad de contratar al mejor informático del mundo, que se adapta en poco tiempo a lo que le pongas delante, porque no tenía un certificado de conocimiento o no tenía el mínimo número de años de experiencia específica de algo. Es difícil cuantificar el conocimiento y la habilidad de una persona por esos medios.

Al empleado, pieza fundamental en la mecánica de cualquier empresa, no se le valora como tal, se le acusa de no trabajar lo suficiente en horarios poco eficientes, de no implicarse lo suficiente en los proyectos de la empresa de la que no tiene participación económica más allá de su sueldo mensual, que a veces cobra con retraso, y encima le toca agachar la cabeza para no perder lo poco que tiene, para tirar de su vida como puede. Así va el mundo, con dolor de huevos todo el día.

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