2012

Facebook, el acosador

Un día como cualquier otro recibes un email de invitación a Facebook de una amistad tuya cuando te das cuenta que te diste de baja de ese servicio hace tiempo (a pesar de que no te lo ponen fácil) y esa persona dice no haber entrado en Facebook desde hace bastante tiempo (con lo que no te ha enviado ningún email conscientemente).

Así que decides hacer uso del enlace que hay en el pie del email que pone:

If you don’t want to receive these emails from Facebook in the future or have your email address used for friend suggestions, please click: unsubscribe.

Le das a unsubscribe y te manda a una página de Facebook que pone:

From time to time, people may send emails to you through Facebook. Examples include when they invite you to an event, tag you in a photo or add you as a friend. If you continue, you’ll no longer receive any of these emails. Also, Facebook will no longer use your email address to generate friend suggestions for you and others. We’ll still keep a secure record of your email address so we can make sure you don’t receive these emails.

Do you want to stop receiving these notifications at em&il@em&il.com

Es decir, te quitan las notificaciones estúpidas pero se guardan tu correo electrónico por si acaso se les olvida no mandarte emails. ¿No sería más lógico eliminar mi dirección de email de su sistema para que no reciba notificaciones?

Y la duda que me asalta es: si les digo que no quiero recibir notificaciones ¿también les estoy dando permiso a almacenar mi cuenta de correo electrónico?

Con razón le cogí asco.

Luna vieja – Capítulo 2

Luna vieja – Capítulo 1

A 5 metros de distancia de Antonio se detuvo Héctor, se retiró la capucha que le cubría la cabeza y lo miró fíjamente a los ojos, pero no sin antes haber observado detenidamente el arma de su oponente.

– Es bonita, pero no será más que leña cuando acabe contigo.

El puño de Antonio se cerró aun con más presión sobre el mango de su mortífera arma mientras fruncía el ceño y escupía a un lado.

– Veremos si para cuando empale tu cabeza con ella sigues opinando lo mismo.

Antonio golpeó el suelo con su portentosa gayata, levantó una gran nube de polvo alrededor y dio comienzo el combate.

El monje no tardó ni un solo segundo en abalanzarse sobre Antonio, con pasmosa velocidad y a pesar de que el polvo impedía la visibilidad suficiente para obtener un blanco seguro, sacó algo de aquellas anchas mangas que brillaba bajo el rojizo sol.

Antonio, en cambio, era la viva imagen de la tranquilidad. Como si de antemano supiese el movimiento exacto de su oponente, trazó con su gayata una línea en el aire con lentitud pero sin vacilaciones, abriendo una brecha en el aire polvoriento.

El impacto de las grandes navajas detenidas por la robusta madera produjeron un sonido seco que hicieron retroceder unos pasos a Héctor con frustración. La ira empezaba a emanar de la cara de aquel monje cuando vio sus armas de acero albaceteño melladas y el cayado intacto.

– Parece que vas a tener que esforzarte un poco más si quieres hacer honor a tu sobrenombre – dijo Antonio con el rostro completamente serio.

– ¿De qué sobrenombre hablas?

– El que usa todo el mundo a tus espaldas, incluso tu querida.

Antonio sabía lo que hacía y lo estaba consiguiendo fácilmente. Todo el mundo sabía de la adoración que Héctor le tenía a El Curro Jiménez del Valdepueblas, de ahí sus armas y su debilidad por lo que él opinase.

– Se refieren a ti como «el monje eunuco de los cojones» – sonrió Antonio -, pero no creo ni que sepas qué es esa última palabra.

El rubor de la cara de Héctor se convirtió en fuego, volvió a abalanzarse sobre Antonio con lágrimas en los ojos, dando golpes a diestro y siniestro con aquellas afiladas navajas. Pero Antonio se movía de un lado a otro sin esfuerzo, esquivando aquel monje perdido de la mano de Dios.

Finalmente, Antonio hizo girar su cayado sobre la palma de su mano, se apartó a un lado e impactó con un golpe contundente en la parte posterior de la cabeza del monje que mordió el suelo y perdió la conciencia, si alguna vez la tuvo.

La tranquilidad se volvía a respirar en el ambiente. Antonio se agachó y revisó todos aquellos bolsillos que Héctor tenía en aquella indumentaria y al final encontró aquello que posiblemente lo encaminaría hacia el siguiente reto, pero necesitaría de la ayuda de un experto.

El relojero ocioso

Cuando se me terminó la pila del Lotus me dije «Bueno, si he podido cambiar la del Casio, digo yo que podré con este también». Así que, como buen internauta que soy, investigué con la ayuda de Google buscando la mejor forma de destripar el reloj analógico sin causarle daño y es que, cuando algo no tiene tornillos a la vista me pierdo.

Al final, fui a parar a un blog de gente aficionada a coleccionar toda clase de relojes y fue allí donde me enteré de varias cosas. La primera de ellas fue que no todos los relojeros hacen un buen trabajo, hay algunos que te dejan la tapa trasera del reloj rayada de los intentos de abrirlo. Y la otra cosa fue que el Lotus tenía un cierre con unas gomitas que lo hacían estanco para evitar la condensación en su interior y que era mejor llevarlo a un relojero o al servicio técnico (todo por una pila que apenas dura 2 años…).

Fui a un relojero del que me habían hablado bien. Lo que más me llamó la atención es que el pobre tenía una prisa tremenda en despacharme para sentarse de nuevo en el ordenador (seguramente estaría jugando al parchís online). Le mencioné mi preocupación de que resultase dañado por lo que había escuchado y el me dijo que estuviese tranquilo que llevaba en la profesión 100 años o más, milenios, de antes de los relojes de sol y antes incluso que el sol.

Volví al lunes siguiente por la mañana y me dijo que aun no lo tenía (fui un sábado), que volviese por la tarde y se sentó de nuevo con prisa en su ordenador. Yo me mosqueé porque le había visto buscar mi reloj entre 4 que tenía por allí, que vamos, que no parecía tener mucha carga de trabajo.

Así que volví el día siguiente y me llevé mi reloj en perfecto estado, con pila nueva, o eso creía. Resulta que el cronómetro, cuando se tenía que poner a cero, no dejaba el secundero cuadrado en el 12, sino que lo dejaba un poco antes. Así que pensé que sería una tontería por lo que volví y se lo dije. Cuando lo vio me dijo que eso era algo que podría haber solucionado yo mismo si me hubiese leído el manual, que era un poco tonto si no lo había hecho, a lo que le dije que el manual lo leí el primer día que me lo regalaron, que cómo me iba a acordar, que enseguida lo relacioné con el cambio de pila.

Se ve que no le gustó cargar con la culpa, que para la estupidez que era no resulta ser un problema. Pero la prepotencia y el trato estúpido se le desbordaba por la boca y me hizo pensar en cómo había conseguido mantener su negocio por más de un año seguido. Que no me espere para el próximo cambio de pila y que cuando el router le deje sin conexión para su parchís online le manden buscar el manual.

La canción

Sonaba There is a light that never goes out de The Smiths en el coche, en una de esas noches en las que la calle está empapada por las lluvias de la tarde. Con ésta canción ella pretendía enviarle un mensaje, pero él la oía de fondo, sus oídos sólo escuchaban con atención la voz de ella. Cómo iba a imaginarse él tal enrevesada maniobra con una mente tan simple.

La canción llegaba a su fin y ella perdía la esperanza. La frase de «Porque quieres.» la esgrimía como un último recurso pero fue infructuoso o quizás no del todo, porque sembró algo que arraigaría dos días después.



Susurros

Una vez más cierras los ojos entre susurros que apenas soy capaz de escuchar, dejando tu última frase a las puertas de los sueños, en una neblina de oscura inconsciencia. Resulta inútil hacerte hablar llegados a ese punto, por lo que simplemente dejo que yazcas a mi lado abrigada por tus sueños y mis caricias sobre tu cabello.

A escasos centímetros de tu rostro observo detenidamente la textura de tu piel, la longitud de tus pestañas, el perfil de tus labios y sigo acariciando tu cabello con delicadeza, intentando no despertarte aunque sé que eso es poco probable.

Cierro mis ojos y abrazo tu cuerpo con suavidad mientras pienso que dentro de unas horas, cuando despierte, aun estarás allí, quizás abrazada a mi o dándome la espalda, pero a menos de un beso de distancia.

El Pasajero Oscuro

El oscuro pasajero es el libro en el que se basó la serie de televisión Dexter y además de ser el título tiene un significado peculiar.

A lo largo de la serie se plasma el significado de llevar un oscuro pasajero como aquello que existe en nosotros y que, por mucho que intentemos ocultarlo a los ojos de los demás y propios, siempre acaba por aparecer.

Pues bien, una amiga me desveló que ella, en vez de llevar un oscuro pasajero, llevaba una pasajera bocazas y siempre hacía aparición para su posterior arrepentimiento.

De lo que no estoy seguro es de si también coleccionará en placas de Petri la saliva del momento.

Año 2012

El año pasado ha sido el menos productivo en cuanto a entradas en este blog, como también lo ha sido mi cantidad de comentarios repartidos por otros lares. He sufrido cambios importantes en mi día a día desde este verano que me han hecho priorizar las cosas y el resultado me ha hecho descuidar muchos elementos.

Hace un año ya decía lo difícil que iba a estar 2011, pero no me voy a quejar, el resultado ha sido inesperado y espero que 2012 se ponga mejor dentro de lo apocalíptico que dicen que será.