A veces, una pequeña frase o un pequeño gesto da pie a que, en nuestro interior, se empiece a construir un gigantesco castillo de naipes lleno de maquinaciones infundadas. Todo ello no hace más que llevarte a los malentendidos y, a partir de ahí, las cosas sí se ponen serias sino se aclaran rápidamente.
Dependiendo de la persona, ese castillo se vendrá a bajo con un poco de raciocinio pero en otras, en cambio, los naipes estarán unidos con pegamento y hará falta algo más persuasivo que argumentos simplemente razonables.
Por ejemplo, la mala interpretación de un gesto facial de una persona A puede llevar a una persona B a creer que es despreciada y esto, a su vez, hará que el resto de acciones de la persona A esté condicionado a entrar en la misma categoría de “sentirse despreciado” de la persona B. Pero ¿realmente era un gesto de desprecio?
Lo más curioso a mi parecer es el crecimiento de esa fortaleza en el sujeto, el cómo se unen los pequeños detalles para formar una realidad distorsionada pero completamente defendible por aquella persona que la siente en su interior.
Pararse a pensar objetivamente, preguntar a terceras personas y ser claro consigo mismo y con los demás, quizás sean buenos ingredientes para que ese castillo de naipes no acabe siendo una muralla más ante los demás.
Otros temas relacionados a tratar podrían ser la falta de confianza en si mismo, la dependencia de la opinión de los demás y el miedo al rechazo social, pero igual esto se hace muy rollo para el mes de agosto.
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Si tu instinto te hace pensar que en algo o alguien hay gato encerrado, es porque al final lo hay. Y sino que se lo digan a Schrödinger.
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Desde el trono de aquel que poseía la verdad, desplegaba sus hirientes palabras sobre los demás, desahogando aquellas otras penas cargadas de ira que no encontraban ninguna otra salida.
La soberbia emanaba de sus labios y nadie podía hacerle frente, pues era seguro que él poseía la razón, todo el mundo era consciente de ello. Pero no era justo ni equilibrado, pues aun estando en pleno derecho de poder reclamar su verdad como la única, ello no le daba ningún privilegio sobre los demás para hundirlos bajo su negra amargura.
Ausente se encontraba su humildad en aquellas intrincadas palabras que llenaban con gran sonoridad la estancia, como si todo fuese una excusa para dar rienda suelta a la violencia que, en otras circunstancias, hubiese estado fuera de lugar y le hubiesen hecho bajar del trono que tan orgulloso proclamaba como propio.
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Es una regla básica que, cuanto más blanca y delicada es una prenda, mayor es su probabilidad de sufrir infortunios. Lo mismo pasa con esa tostada de mantequilla que vigilamos con exceso y que terminará cayendo al suelo, sobra decir que boca abajo.
Como si cuanto más queremos proteger algo, con mayor facilidad se es dañado precisamente por esa sobreprotección o por simple ironía de la vida.
Llegados a este punto quizás alguien pueda pensar en relaciones personales que se ven afectadas por esta misma ley, pero yo sólo hablo de camisas de esas que se pone uno para vestir el torso.
Para mi desgracia, sólo necesito ponerme una camisa en concreto para atraer todas las manchas estúpidas y reincidentes, como la que deja la pasta de dientes tras caer espumosa y rebelde desde mi propia boca o el fragmento imperceptible de chocolate que cae de un galleta y que se esparce como si te hubieses bañado en barro.
Lo peor es que, cuanto más miedo le coges a interactuar con algo, más torpe te vuelves en ello, por lo que la hora de la comida puede llegar a parecer la operación quirúrgica de un ojo por cómo coges los cubiertos.
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El mejor caso de todos es cuando un aparato deja de funcionar y tiene los días contados para acabar en la basura. Entonces lo coges, lo desmontas e intentas arreglarlo tranquilamente. Si lo arreglas quedarás sobradamente satisfecho y si no lo consigues, no pasa nada, iba a acabar en la basura de todas formas.
Pero qué pasa cuando el aparato medio-funciona, es decir, tiene un funcionamiento no óptimo o mermado. Si optas por ponerle remedio y meter tus manazas en las tripas del objeto en sí, te arriesgas a que deje de funcionar para toda la vida.
Algo de eso me pasó con mi equipo de música, el mismo que utilizo para escuchar todo aquello que sale de la tarjeta de sonido del ordenador. A modo de SGAE atrapó tres cd’s en su bandeja y no había forma de que los soltase. Para mi suerte eran copias de los originales, de lo contrario me hubiese dado un telele, para que después digan…
El equipo de música funcionaba perfectamente salvo por los cd’s que apenas usaba, pero aun así decidí meter mis manazas y desmontarlo completamente.
Le cambié una goma del motor (me costó 60 céntimo, un robo) que se había hecho trizas y tras medio-montarlo de nuevo (montaje en el que casi me secciono el dedo) lo probé de nuevo y vi que no funcionaba. En ese instante me acorde de la máxima en informática:
Si funciona no lo toques.
Menos mal que al montarlo completamente volvió a la vida (algo que mi hermana pequeña predijo), incluido el cargador de cd’s. Parece ser que necesitaba hacer contacto con la chapa metálica para trabajar correctamente.
También me acordé del día anterior, que había estado intentando crimpar un cable de red que funcionaba de casualidad y que quería que funcionase como debía y no porque quisiese. Casi dejo sin Internet a mi hermana pequeña (me hubiese matado) por culpa de la castaña de crimpadora de hace 10 años o los conectores RJ-45 de los chinos (vaya usted a saber).
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Las situaciones contradictorias me resultan chirriantes y son fruto, sobretodo, de personas que no son consecuentes. No me parece mal que alguien diga lo que supone que es correcto hacer y después haga todo lo contrario bajo un “Por que me da la gana”, pues es obvio que cada persona tiene su propia escala de valores, en el que algunas veces puede predominar la autocomplacencia por encima de lo correcto (que esto daría para otro post). Lo que me resulta chirriante es la persona que interpone excusas para justificarse.
Podemos encontrarnos, por ejemplo, con alguien que apoya la homeopatía, los remedios naturales y que cree que los alimentos de hoy en día no hacen más que enfermarnos para beneficio de las farmaceuticas, pero es incapaz de dejar de hincharse a fumar bajo la excusa de “Peores cosas tomamos sin saberlo en los alimentos” y poniendo en duda que el tabaco sea causante de diversos cánceres.
También podemos conocer gente que te cuenta desde su sofá, con el porro en la mano, que la maría le ayuda a relajarse y facilitarle el estudio, pero se queda justo en la fase que viene antes de la de abrir el libro.
Pero, sin duda, el género de individuos más chirriante es aquel que critica, humilla e infravalora desde su posición ego-elevada a otros, sin darse cuenta de que ellos mismos son iguales, peores o, simplemente, de vidas totalmente diferentes. Lo que me recuerda el siguiente dicho popular:
Ver la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el propio.
Lo divertido de esto es que la primera parte de este post me podría agregar al grupo de los del refrán.
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No sé cómo se llegó al tema, pero la pregunta estaba servida como cualquier otro plato de aquel restaurante wok. Nos adentrábamos en el mundo de lo asqueroso preguntándonos si nos comeríamos una manzana con gusano.
Uno de los argumentos a favor era el hecho de que el gusano, criado y alimentado en la manzana, tendría que saber a manzana y por tanto, no sería asqueroso. Pero esto era una suposición, nadie pudo verter experiencia en este punto.
No obstante, estuvimos de acuerdo en que una manzana con gusano era mejor que una manzana con medio gusano.
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Desde hace más de un año vengo arrastrando un problema de concentración que me impide leer. Es cotidiano el hecho de coger un libro, empezar a leer unos cuantos párrafos y, en cuanto me descuido, estoy pensando en un millón de cosas que no tienen nada que ver. Algunas palabras o frases actúan como un gatillo, que disparan mi mente recordando cosas o imaginando otras que no tienen absolutamente nada que ver con lo que leo.
La única forma de persistir en mi lectura es leer muy rápido, de esa forma me fuerzo a mantener la mente en las palabras escritas, pero cansa y me es imposible recrearme en el texto. Da igual el tema del que trate, si me guste más o menos, pierdo la concentración y me evado.
Sin embargo, con la música me ha pasado completamente al revés. Cuando cojo los auriculares, me embobo escuchando cada uno de los instrumentos, fascinado por los cambios de ritmo, las entonaciones del cantante y los arreglos con pequeños detalles que rellenan la canción. Hasta echo para atrás la canción unos segundos para intentar captar esas particularidades.
Ya me gustaría a mi arreglar mi problema de concentración, que tengo unos cuantos libros por leer y alguna que otra cosa que depende de ello.
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Cuando te dedicas a leer ofertas de trabajo, concretamente de informática, puedes encontrar de casi de todo, pero básicamente hay un tipo que prevalece: el súper todopoderoso informático con más de 10 años de experiencia en todo tipo de tecnologías, aunque algunas de ellas no tengan ni 5 años de antigüedad.
Así mismo se suele pedir experiencia en campos muy concretos de la informática, como por ejemplo, servidores con sistemas operativos que sólo puedes haber visto en empresas adineradas y conocimientos de programación en un lenguaje específico en desuso. Asimismo se pide, como requisito indispensable, estar en posesión de un título universitario y certificados de conocimiento en tecnologías concretas que suelen costar algunos miles de euros.
Todo esto puede parecer normal, si la empresa susodicha desea un empleado para suplir un puesto determinado cuyas herramientas no van a cambiar en un largo periodo de tiempo. Sin embargo, lo que chirría un poco es el hecho de que el sueldo ofrecido para ese puesto, en una gran ciudad como Madrid o Barcelona, es de casi 1.200€/mes (netos, con 14 pagas al años) en la mayoría de los casos.
Entonces nos encontramos ante un tío, que terminó la ingeniería informática superior (una inversión de 5 años de su vida y mucho dinero), que lleva 10 años trabajando en distintas empresas y siendo bueno en muchas áreas de la informática, al que le ofrecen un sueldo de mierda, por un puesto en el que no tiene ninguna garantía de permanecer ni un año. Obviamente la oferta no conseguirá obtener lo que busca.
No soy especialista en recursos humanos, pero, en esa clase de ofertas, en las que se pide mucha experiencia, un sueldo tan ridículo sólo hace que sea descartada o que acuda gente que dice tener todo lo que se pide.
Después están las ofertas modestas, en las que se pide un conocimiento más asequible y una experiencia de entre 3 y 5 años, pero el sueldo baja hasta los 1.000€ si llega (donde más de la mitad del sueldo se te iría en alquiler y transporte) y además sabes que vas a ser explotado laboralmente (horas extras no remuneradas, estrés por proyectos pactados en fechas imposibles y un largo etcétera). Y la gente acepta este tipo de ofertas porque, obviamente, menos da una piedra.
Pero lo divertido son las conversaciones al teléfono con el personal de recursos humanos, que teniendo poca idea del significado de los requisitos del puesto, actúa de filtro principal para el jefe de informática que ha pedido gente con un perfil determinado. De esta forma se pueden dar casos en los que se pierde la posibilidad de contratar al mejor informático del mundo, que se adapta en poco tiempo a lo que le pongas delante, porque no tenía un certificado de conocimiento o no tenía el mínimo número de años de experiencia específica de algo. Es difícil cuantificar el conocimiento y la habilidad de una persona por esos medios.
Al empleado, pieza fundamental en la mecánica de cualquier empresa, no se le valora como tal, se le acusa de no trabajar lo suficiente en horarios poco eficientes, de no implicarse lo suficiente en los proyectos de la empresa de la que no tiene participación económica más allá de su sueldo mensual, que a veces cobra con retraso, y encima le toca agachar la cabeza para no perder lo poco que tiene, para tirar de su vida como puede. Así va el mundo, con dolor de huevos todo el día.
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Ayer mi madre contestó al teléfono fijo y se encontró con una señorita que le quería hacer una oferta de conexión a Internet. Rápidamente, con los reflejos que caracterizan a cualquier madre experimentada en el tema, le pasó el marrón a su descendencia y yo era el que más cerca estaba.
Fui tan incauto como para olvidar mi técnica de evasión de ofertas telefónicas, que se basa en comunicarle a mi interlocutor que no tengo una pieza fundamental para usar su producto. Es decir, si me ofrecen una conexión a Internet divina de la muerte, yo contesto que no tengo ordenador. Si me quieren proponer un tarifa de teléfono súper económica de la muerte, yo respondo que no tengo teléfono, aunque esté hablando por él en ese mismo instante para comunicarle tal hecho.
En esta ocasión, la chica me dijo que Orange estaba implantando una nueva tecnología y que yo me encontraba con cobertura para ella. Esta nueva tecnología además de tener un mayor alcance, desechaba los viejos y gastados cables de Telefónica del pasado para incorporar señales digitales por aire. En ese instante me pregunté si aquella señorita sabía qué decía, así que intente dialogar con ella.
En ese momento me llama NeoRazorX al móvil para decirme que me estaba esperando en la calle, aparto el fijo de mi oído para decirle que ahora voy mientras sigo escuchando de fondo la cháchara de la mujer que me quería vender Wifi…
Colgar hubiese sido de mala educación, pero me iba a poner a llorar si la señorita no desistía, además de que NeoRazorX me estaba esperando. Al final la mujer se despidió, con cabreo incluido desde el momento en el que le dije que se informase mejor del producto que vendía, cuando en realidad debería haberse cabreado con el que le explicó semejante chorrada.
Quizás lo que más me molesta de esto no es que la pobre señorita no sepa de qué habla, sino que me intenten tomar el pelo utilizando tecnicismos para parecer que venden otro producto mejor que el de la competencia cuando es el mismo y que afirmen que puedo probar su conexión sin darme de baja de mi actual operador (¿me pondría otro cable de teléfono de la central hasta casa para no quitarme el que utilizo con mi actual compañía?).
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Si tienes la inquietud necesaria y una mentalidad crítica, llega un día en el que cuestionas tus acciones y hasta a ti mismo en busca de equilibrio. Puedes ahondar en lo más profundo de tus sentimientos y hechos, sobretodo aquellos que no te parecen propios de ti, en busca de razones y con la nada trivial pregunta en mente de ¿por qué?.
Puede parecer pensar en exceso, que la vida hay que tomársela más a la ligera y no preocuparse de cada matiz que ésta pueda tomar, sin embargo la curiosidad te puede empujar a querer averiguar el punto de partida de cada uno de los rasgos que definen tu persona, después de todo vas a tener que tratar con ella toda tu vida.
Rebuscas en tus recuerdos y atas cabos con tu presente, porque aquello que te dijeron o aquello que te pasó, dependiendo de cómo lo asimilaste, ha acabado, muy probablemente, afectando tus acciones de hoy en día. Aunque pueda parecer una sandez, llevas toda una vida forjando tu personalidad a base de recibir estímulos externos, pero más que sólo recibirlos, el hecho de cómo los has digerido puede que sea lo más importante.
Esa forma peculiar que cada persona tiene de nutrirse de sus experiencias quizás sea la parte más significativa para encontrar equilibrio. De esa forma puedes llegar a ser consciente del significado de tus límites, de tus miedos e inseguridades, porque aunque puedas identificarlos, poco puedes hacer si no sabes de dónde provienen y cómo manejarlos.
Puedes leer libros de psicología de gente que lleva estudiando el comportamiento humano desde un punto de vista más científico que intuitivo desde decenas de años, verte reflejado en muchos párrafos en los que se explica el dichoso ¿por qué? y entonces darte cuenta de que existen sentimientos o pensamientos que, como si te hubiesen dado un linterna, encuentras refugiados en los recovecos de tu personalidad, causantes de muchos e incordiantes problemas que parecían ir por su propia cuenta.
Al menos en mi caso, el saber cómo funcionan las cosas, me deja mucho más tranquilo, sacia mi curiosidad y posiblemente me capacite para mejorar y ver la vida con un poco más de perspectiva.
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Según la Wikipedia:
La fusión fría es el nombre genérico dado a cualquier reacción nuclear de fusión producida a temperaturas y presiones cercanas a las normales, muy inferiores a las necesarias para la producción de reacciones termonucleares (millones de grados Celsius), utilizando equipamiento de relativamente bajo costo y consumo eléctrico para generarla.
Aunque este tema a dado lugar a muchos fraudes en el pasado y algunas películas de ciencia ficción, no quise dejar de intentarlo por mi cuenta desde muy a principios de este verano. Si bien el secreto me lo dio mi hermana mayor antes de que se marchase a la capital, he sido yo el que ha pulido el método, documentado y ahora compartiendo de forma pública. Intentaré, para ello, utilizar un lenguaje lo menos científico posible para que se entienda sin dificultades.
Todo comenzó ante mi dificultad de conseguir una fusión entre el cacao en polvo barato de Dia y la leche fría en mi desayuno. Nótese que la dificultad desaparece en el caso de que la leche esté calentada y/o el cacao en polvo sea Nesquik o Cola-Cao Turbo.
El secreto de que la fusión fría se realizase con total éxito y que, al final la mezcla de ambos ingredientes, no estuviese compuesta de pequeñas esferas de cacao sin deshacer, era utilizar una cantidad ínfima de leche. Tan ínfima que pareciese que el cacao en polvo fuese a hacer un islote sobre la leche.
En la siguiente fotografía se puede apreciar que el nivel de leche empleado para la mezcla es levemente superior al recomendado, pero aun así no generó problemas.
Aquí tenemos de manera ilustrada lo de hacer isla con el cacao:
Después de remover ambas sustancias con la cuchara podemos ver como la fusión da un resultado óptimo:
Finalmente rellenamos el vaso con leche hasta arriba y ya hemos terminado.
Como podéis ver, este es un blog de física aplicada . Para la próxima os explicaré cómo aprovechar vuestra antigua fuente de alimentación para suplir las caídas de tensión en vuestro actual equipo informático sin gastar un euro.
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Una noche que transcurre con tranquilidad, pero que te mantiene despierto, sumergido en un sin fin de recuerdos, enfrascado en un pasado que da vueltas sobre sí mismo para acabar como tu presente. Cambios lógicos, sorprendentes, irónicos o sin sentido te llegan a la mente, muchos de ellos ni siquiera han formado parte de tu vida a pesar de haber estado presente; probablemente por ello no te arropan lo suficiente para poder cerrar los párpados y descansar.
Giras la cabeza sobre la almohada intentando encontrar una postura más cómoda y ahí sigue esa sensación de esperar algo, de estar aguardando un cambio que nunca llega, que te mantiene en alerta pero no sucede nada. Puede que no sepas qué es lo que esperas o que no esté en tu mano el poder hacerlo, por ello no puedes buscarlo, sólo puedes dejar pasar el tiempo.
Tu pequeño plan para salir de ese estancamiento parece no dar frutos y la desilusión se empieza a convertir, poco a poco, en un sentimiento de derrota con ligeras pinceladas de conformismo que hace crecer ese ferviente deseo de que el tiempo pase, de que los acontecimientos lleguen y que no te veas excluido de ellos, que nadie te arrebate lo que vienes anhelando desde hace tiempo.
De un momento a otro quedas sumergido en las tinieblas de los sueños febriles, divagando entre extrañas situaciones recurrentes que no hacen más que agotar tu mente para, horas más tarde, despertar cansado, asqueado por no haber sido capaz de conciliar un sueño normal y a tener que enfrentarte de nuevo a un día, muy probablemente, tan vacío como el anterior.
– Llénalo – te dices a ti mismo mientras sonríes en la penumbra de la mañana.
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En las peluquerías no me quieren y eso que les podría dar mucho trabajo, pues mi cabellera parece querer perdurar pegada a mi durante mucho tiempo (nos tenemos gran aprecio).
Pero parece que me tienen un poco de odio y me lo trasmiten de forma física con agresiones hacia mi persona. Quizás por ello tardo tanto en vencer mi miedo e ir a cortarme el pelo. Por ahora llevo dos ataques con el secador, una con navaja y otra con tijeras.
Las incidencias con el secador fueron golpes en la cabeza en el agitar del peluquero, relativamente molestas pero que en seguida te ponen en guardia, eliminando cualquier resquicio de adormilamiento que tengas.
La incidencia con la navaja fue un corte en la parte posterior del cuello que el propio peluquero quiso encubrir como si no hubiese hecho nada y como si yo no supiese que me estaba sangrando el cuello a borbotones (quizás no tanto…). Menos mal que sano rápido (a lo Lobezno) y no perdí más que algunas gotas de sangre.
Y, por último, me hundieron la punta de las tijeras en la zona de las patillas, a lo que el peluquero me dijo, tras unos segundos de mirar la zona afectada: “Mmm, parece que no ha habido corte, quizás por eso redondean las puntas de las tijeras”.
Así que ya sabéis, una persona que se dedica a cortar cosas no es de fiar, en cualquier momento se le va de las manos o tiene un mal día y tú estás ahí, pensando en lo bien que te hubiese quedado el pelo largo y hecho un revoltijo.
Aunque, cuando te lavan el pelo con masaje de cabeza te quedas tan a gusto…
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Se trata de una cantante veterana en el mundo del rock americano. Mantuvo una relación con Billy Corgan que finalizó por los celos que sentía Corgan hacia Kurt Cobain, que allá por 1991 estaba en pleno auge. Cobain se casó y tuvo una hija con ella. Unos años más tarde Cobain se suicidaría tras la insistencia de su mujer de que lo haría .
Nuestra cantante maneja temas sobre alcohol, drogas y sexo en sus canciones (quizás por experiencia propia) con su peculiar voz, que muchas veces degenera en ronca e incluso adopta un estado de embriaguez.
Cantó y tocó la guitarra en el grupo de Hole, cuyo mejor álbum fue, para mi gusto, Celebrity Skin (justamente el que dicen que Cobain tuvo la batuta creativa y en la que Billy Corgan participó). Trabajó conjuntamente y, tras la recomendación de Corgan, con Melissa Auf der Maur, que tocaba el bajo y hacia los coros. Después andaría en solitario para dar forma a su álbum America’s Sweetheart que desborda humor o al menos a mi hace reír.
Ya no puedo dar más pistas, os dejo la encuesta para que intentéis adivinar de quién hablo (no vale preguntarle a Onir porque seguro que acierta…con su flor esa del culo que tanta envidia genera xD).
¿Quiés es la cantante secreta?
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